Reflexión sobre el Evangelio del domingo
Cuando el «No» se convierte en «Sí» — y el «Sí» se convierte en «No.» Jesús nos habla de dos hijos. Uno le dice «no» a su padre, pero después cambia de opinión y va a trabajar a la viña. El otro dice «sí», pero nunca va. Hay algo profundamente humano en esta parábola. Un «no» que pronunciamos en un momento de la vida puede convertirse en un «sí» más adelante; y, a veces, un «sí» que dimos con convicción puede convertirse poco a poco en un «no». No siempre sabemos cómo se desarrollará nuestra vida ni cómo irá cambiando nuestro corazón a lo largo del camino.
Tal vez en algún momento le has dicho «no» a Dios: a la oración, al perdón, a la reconciliación o a la Iglesia. No pierdas la esperanza. Tu «no» no tiene que ser tu respuesta final. El «no» de Pedro fue pronunciado tres veces en un patio, pero después se convirtió en uno de los «sí» más fuertes del Evangelio. Pablo comenzó como un perseguidor violento —un «no» decidido— y se convirtió en uno de los más grandes misioneros. Siempre hay un camino de regreso. Dios sigue llamándonos, invitándonos, perdonándonos y ofreciéndonos otra oportunidad para decir «sí». Tampoco debemos confiarnos simplemente porque alguna vez dijimos «sí». La fe no es solamente una palabra que pronunciamos en el bautismo o en la confirmación; es una vida que vivimos cada día. Alguien que hoy parece estar lejos de Dios puede decirle «sí» mañana. Y alguien que parece tener una fe firme todavía necesita renovar ese «sí» mediante actos diarios de amor y misericordia. Por eso, esta semana, preguntémonos con sinceridad: ¿En qué aspecto de mi vida me está invitando Dios a cambiar mi «no» por un «sí»? ¿Y en qué momento el «sí» que pronuncié alguna vez se ha ido convirtiendo lentamente en un «no»? P. Lijoy Jose, OFM Cap. |
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