Desde el lunes 27 de julio después de la misa de las 8:00 a. m. hasta el viernes 31 de julio,
la iglesia, el convento, la oficina parroquial y la tienda de artículos religiosos permanecerán CERRADOS
debido a una fumigación contra termitas.
Si tiene alguna pregunta, por favor comuníquese con la oficina parroquial.
Reflexión sobre el Evangelio del domingo
Cada día, lo sepamos o no, estamos haciendo intercambios. Intercambiamos nuestro tiempo por el éxito, nuestra energía por una carrera, nuestros talentos por el reconocimiento, nuestra salud por los logros y nuestra atención por distracciones interminables. La vida misma es una serie de intercambios. La pregunta no es si estamos intercambiando algo, sino por qué estamos entregando nuestra vida y si esos intercambios realmente valen la pena. Jesús nos habla de un hombre que descubre un tesoro escondido en un campo y de un comerciante que encuentra una perla de gran valor. Ambos toman una decisión que parece sorprendente: venden con gusto todo lo que poseen para adquirir aquello que han encontrado. ¿Por qué? Porque comprenden que no están perdiendo lo más importante; están cambiando lo temporal por lo eterno, lo valioso por lo verdaderamente invaluable. Han descubierto que el Reino de Dios es el único tesoro por el que vale la pena darlo todo. Al mirar nuestra vida, quizá descubramos que algunos de nuestros intercambios no fueron sabios. Tal vez sacrificamos lo que realmente importaba por cosas que nunca pudieron satisfacer plenamente nuestro corazón. Sin embargo, la Buena Nueva es que Dios nunca nos deja atrapados por las decisiones del pasado. Su misericordia siempre nos ofrece un nuevo comienzo. Cuando Dios invitó a Salomón a pedir lo que quisiera, él pidió sabiamente un corazón que supiera escuchar y comprender: la sabiduría para conocer la voluntad de Dios y distinguir entre el bien y el mal. Salomón entendió que, si poseía la sabiduría de Dios, todo lo demás encontraría su lugar. Como Salomón, también nosotros podemos pedir un corazón sabio y prudente. Dios nunca se cansa de conceder su sabiduría a quienes la buscan. Que tengamos la gracia de reconocer a Cristo como el verdadero tesoro de nuestra vida y el valor de cambiar todo lo que es pasajero por el Reino que permanece para siempre. P. Lijoy Jose, OFM Cap. |




























