Reflexión sobre el Evangelio del domingo
La compasión se enseña mejor con historias: ¿Podemos enseñar la compasión solamente con doctrinas, o necesitamos también contar historias que toquen el corazón? Dios eligió enseñar la compasión al pueblo de Israel a través de un recuerdo: «No maltrates ni oprimas al extranjero, porque ustedes también fueron extranjeros en la tierra de Egipto» (Éxodo 22,20). Dios nos recuerda que somos compasivos porque primero recibimos misericordia. Nuestros padres se sacrificaron por nosotros, nuestras comunidades nos ayudaron a crecer y otras personas nos perdonaron y nos dieron una nueva oportunidad. Nuestra vida está construida sobre la compasión de los demás. Hoy, Dios nos pide que prestemos atención a quienes muchas veces no son escuchados: el inmigrante que busca acogida, la viuda que vive sola, el niño que necesita protección y el vecino que lucha para cubrir sus necesidades. Dios escucha sus clamores y nos llama a responder. La compasión no es solamente una enseñanza que debemos recordar; es un amor que debemos practicar. Compartir una comida, hacer una visita, llamar por teléfono o acoger a un desconocido: estas son las historias que enseñan al corazón a amar. Tu reto de compasión para esta semana: Piensa en una persona que se sienta sola, olvidada o agobiada. Acércate: llámala, visítala, comparte una comida o simplemente escúchala. Sé hoy la compasión que alguien necesita y regálale una historia de amor que nunca olvide. P. Lijoy Jose, OFM Cap. |
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