Mensaje para la Fiesta de Santa Inés
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Hoy celebramos la fiesta de Santa Inés, una joven mártir cuya vida resplandece por su valentía, pureza de corazón y amor inquebrantable a Cristo. Aunque era muy joven, Inés eligió la fidelidad antes que el miedo y la confianza antes que el compromiso con el mal. Su fortaleza no provenía del poder ni del estatus, sino de un corazón profundamente arraigado en Dios.
Santa Inés nos recuerda que la santidad no depende de la edad ni de las capacidades, sino de pertenecer totalmente al Señor. En un mundo que muchas veces nos presiona a conformarnos, su testimonio nos anima a permanecer firmes en nuestros valores, a proteger la dignidad que Dios nos ha dado y a vivir nuestra fe con sencillez y valentía.
Que Santa Inés inspire a nuestros jóvenes a ser valientes en su fe, a nuestras familias a crecer en el amor y la fidelidad, y a todos nosotros a seguir a Cristo con una convicción gozosa.
Por su intercesión, que nuestra parroquia sea renovada en la fe, la esperanza y el amor.
Santa Inés, ruega por nosotros.
P. Lijoy Jose, OFM Cap.
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Mensaje semanal
¿Qué “redes” estamos aferrando que nos impiden seguir a Jesús con mayor plenitud—nuestros miedos, hábitos, comodidades o la resistencia a cambiar? ¿Dónde nos invita hoy el Señor a llevar su luz, su esperanza y su amor sanador?
El Evangelio nos recuerda que la luz de Dios brilla con mayor fuerza en los momentos de oscuridad. Cuando Juan el Bautista es arrestado, Jesús no se retira por miedo; al contrario, da un paso al frente y comienza su misión. En Galilea—un lugar sencillo entre gente sencilla—se cumple la antigua promesa de Isaías: “El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz.” Esa misma luz resplandece cuando Jesús llama a Simón, Andrés, Santiago y Juan. No son sabios eruditos ni líderes influyentes, sino simples pescadores. Sin embargo, cuando Jesús les dice: “Síganme,” ellos responden sin demora. Dejan atrás sus redes, su seguridad e incluso a sus familias, y eligen poner su confianza en Él. Este es el corazón del discipulado: escuchar el llamado del Señor y responder con fe, valentía y generosidad. Que nosotros, como aquellos primeros discípulos, sepamos escuchar hoy la voz de Jesús y seguirlo con un corazón lleno de alegría, seguros de que al caminar con Él, nos conduce de la oscuridad a la luz resplandeciente del Reino de Dios. P. Lijoy Jose, OFM Cap. |
























