Reflexión sobre el Evangelio del domingo
Hacer Grande a Cristo: La palabra “telescopio” proviene de dos palabras griegas: tele, que significa “lejos”, y skopein, que significa “mirar”. Un telescopio no hace que una estrella sea más grande de lo que es; simplemente nos ayuda a enfocar y contemplar lo que ya está allí: distante, radiante y oculto a simple vista.
San Pablo comprendió esto con todo su corazón. Escribiendo desde la prisión, declaró: “Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte” (Filipenses 1,20). Para Pablo, la vida tenía un único y hermoso propósito: hacer visible a Cristo a través de la manera en que vivía, caminaba y amaba. No nos pide que hagamos grande a Cristo como un microscopio agranda algo pequeño. Cristo no es pequeño. Más bien, nuestras vidas están llamadas a ser como un telescopio: no podemos hacer a Cristo más grande, pero sí podemos ayudar a los demás a descubrir la grandeza, la belleza y el amor de Cristo que ya están presentes. Esto nos deja una pregunta sencilla, pero profunda: ¿Mi vida hace visible a Cristo? San Francisco de Asís vivió esta respuesta. A través de su sencillez, humildad, alegría y caridad, su vida se convirtió en un telescopio de Cristo. Las personas podían ver al Señor con mayor claridad simplemente al conocerlo. Y Cristo todavía desea ser visto de esa manera hoy. Su compasión debe reflejarse en nuestra bondad; su misericordia, en nuestro perdón; su amor, en nuestro servicio; y su presencia, en nuestra hospitalidad. Por eso, al comenzar esta semana, preguntémonos: Cuando las personas se encuentran conmigo, ¿ven un poco más de Cristo? P. Lijoy Jose, OFM Cap. |
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