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USCCB Lecturas diarias de misa
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Mensaje semanal
El Cuarto Domingo de Pascua, conocido como el Domingo del Buen Pastor, nos invita a contemplar a Jesús como nuestro guía amoroso y protector. En el Evangelio (Juan 10), Jesús proclama: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia». Él es el Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, las conduce a un lugar seguro y da su vida por ellas.
Hay una hermosa verdad escondida en esta imagen. Las ovejas son cuidadas, protegidas y guiadas, pero el pastor lleva la carga. El pastor vela durante la noche, enfrenta el peligro y asume riesgos para que otros puedan vivir en paz. Las ovejas descansan porque el pastor permanece vigilante. Esta imagen no habla solo de Cristo, sino también de tantos “pastores” entre nosotros hoy. Una madre soltera que se sacrifica cada día por sus hijos… un viudo que continúa firme en medio de la soledad… un padre o madre anciano que vive solo… un inmigrante que trabaja lejos de su hogar para sostener a su familia… un sacerdote o religioso que defiende con valentía el Evangelio y los valores en un mundo desafiante. Todos ellos son reflejo del amor del Buen Pastor: muchas veces invisibles, a veces sin protección, pero profundamente fieles. En este Domingo del Buen Pastor, demos gracias ante todo a Jesús, que nunca nos abandona y continúa guiándonos hacia la vida en abundancia. Oremos también por todos aquellos que tienen la responsabilidad de cuidar a otros y apoyémoslos. Y finalmente, preguntémonos: ¿de qué manera estoy llamado a ser pastor para alguien más? Que sepamos escuchar su voz, seguir su camino y convertirnos en instrumentos de su cuidado unos para otros. P. Lijoy Jose, OFM Cap. |





















