Reflexión sobre el Evangelio del domingo
Quisiera compartir con ustedes una imagen para llevar en el corazón durante este mes de noviembre: Sean como una hoja. En su tiempo, la hoja no se preocupa por el mañana; simplemente ofrece su sombra. Da cobijo, embellece y hace del mundo un lugar más hermoso, simplemente siendo aquello para lo que fue creada. Y cuando llega el otoño, la hoja no se aferra a la rama, no se resiste ni lucha contra ella. Simplemente se suelta… y cae con gracia.
Eso es la prudencia. Eso es la sabiduría: servir mientras es nuestro tiempo y saber soltar cuando el Señor nos llama, dejando este mundo un poquito más en paz, un poquito más hermoso y un poquito más lleno de gracia de como lo encontramos. Durante todo este mes de noviembre, hemos estado reflexionando sobre la muerte: las hojas que caen, los santos y las almas de los fieles difuntos. Y toda esta sabiduría nos lleva a una sola enseñanza: no tengamos miedo de caer; tengamos miedo, más bien, de llegar al final con el corazón sin preparar. El Evangelio nos muestra cómo vivir esta sabiduría. Diez jóvenes esperan al novio. Y fíjense bien: las diez esperaron y las diez se quedaron dormidas. La diferencia entre las prudentes y las necias no estaba en la espera, sino en el aceite: esa preparación silenciosa, escondida y diaria del corazón, que nadie ve, excepto Dios. La sabiduría es el aceite de nuestra lámpara. Es la oración que hacemos cuando nadie nos mira, la bondad que ofrecemos sin esperar aplausos, la conciencia que mantenemos limpia, día tras día, en las cosas ordinarias de la vida. Mantengan su corazón en sintonía con Dios y nunca serán sorprendidos sin estar preparados. Vivan con sabiduría. Vivan preparados. Mantengan el aceite en sus lámparas: un corazón despierto, un corazón en sintonía con Dios. P. Lijoy Jose, OFM Cap. |
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